En el año siguiente y antes del quinario, 3 de febrero, terminaron los trabajos de ensamble de la cabeza en el n
uevo cuerpo que da la fisonomía actual a la imagen, y cambiando la policromía, entonándola a matices más adecuados a la tradición imaginera sevillana. La obra fue tan del agrado del autor que esculpió en su espalda la frase “Mi Cristo para Sevilla” y en castellano “Yo Soy”, además de firmarla.
La imagen presenta una cabeza inclinada hacia abajo y hacia la izquierda siguiendo la composición del misterio actual. Las facciones son marcada y proporcionadas armónicamente, la boca abierta que deja ver parte de los dientes, marcando con realismo la acción de hablar.
Tiene una actitud física valiente, casi atrevida, que se aleja de la concepción clásica de las imágenes de Cristo cautivo. No es el cuerpo de un nazareno aunque su pierna derecha se flexiona hacia adelante y la izquierda se apoya sobre los dedos del pie. El tronco de potentes formas presenta una continuidad con la disposición de las piernas para continuar el gesto expresivo de la cabeza.
La obra está tallada en madera de pino, posiblemente de Flandes, la policromía es oleo, con veladuras de acuarela y barnices. Fuente: http://www.hermandaddesangonzalo.es
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