sábado, 14 de septiembre de 2013

Luis Álvarez Duarte




Escultor, imaginero y restaurador español nacido en Sevilla el 22 de Mayo de 1949. Desde pequeño se sintió atraído por el arte del modelado. Aunque su formación fue fundamentalmente autodidacta, recibió enseñanzas de otros artistas como Francisco Buiza, Rafael Barbero, Antonio Eslava y Sebastián Santos. También asistió a clases en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla.
Sus primeros años de esta afición, vocación, remiten a 1960, cuando el escultor tenía 10 años, pues nació el 22 de mayo de 1950 en la Huerta de los Granados, lo que ahora es calle Venecia, tras el colegio de la Trinidad. De chico le llevaban mis padres al Colegio de los Salesianos, a ver a la Esperanza y también les pedía que lo llevaran a ver a la Macarena, una de las imágenes de sus amores.



En el año 1960, yendo a comprar con su madre al mercado de la Encarnación, al pasar por la calle Jerónimo Hernández con la Casa de los Artistas, en la Calle Viriato, por entonces pasadizo diurno que se cerraba por la noche, y allí había patios donde vivían anticuarios, Ricardo Comas, el pintor José Molleja con su estudio y, de pronto, vió lo que sería el paraíso terrenal de su vida, una puerta que daba a un estudio pequeño, pero enorme de arte, en el cual estaba Buiza policromando una Inmaculada. Desde entonces, vivía deseando volver al estudio, haciendo rabona para plantarse en el estudio de Buiza. Como hemos dicho, por entonces tenía 10 años. Así se plante una tarde sin que le echara cuenta, otra tarde y otra, serían unas 15 o 20, hasta que un día le preguntó ¿tu qué es lo que quieres?, y Luis le dijo a Francisco Buiza: "Pues yo quiero entrar aquí aunque sea a barrer, fregar pinceles o lo que sea", mientras le temblaban las piernas ante el maestro.

Entonces le sentó en un banco (él estaba policromando una Inmaculada para la Sacramental de San Juan de la Palma), le dio un palillo y le dijo: "¿tú eres capaz de hacer las rallitas de moaré como el forro de la talla? Y a pesar del nerviosismo, Luis hizo las rallas cronometradas. Aquel fue el día más feliz de su vida, cuando el maestro le dijo que podía ir de vez en cuando.

A él no le importaba limpiarle los pájaros (eran 125), darles de comer, o ir por alpiste a la Encarnación, Álvarez Duarte estaba encantado porque para él, el maestro era como Dios. Conoció con el tiempo a otro gran paisano de él, Antonio Eslava y en una de las ocasiones que no estaba Buiza le preguntó: "Niño, ¿tu estas tallando ya y sabes lijar?", Luis le respondio que sí. Eslava le dijo que tenía una serie de Macarenas pequeñitas y que si él se las terminaba por 20 duros. Las terminó, tanto las manitas como el moaré, pero cuando el maestro vio las imágenes, le dijo: "Paisano, estas rallitas no las has hecho tú, ha sido el niño". Y efectivamente había sido Luis, con lo que le echó a la calle.

Pero no terminó ahí la cosa, en este paréntesis, en el cual el joven imaginero no podía ya estar sin un taller, el hermano de un amigo le dijo: "hay un escultor en el garaje el paso que está haciendo una gran cantidad de angelitos para la Hermandad de las Penas de San Vicente" y se fui a verlo. Era Rafael Barbero, un artista granadino afincado en Sevilla impresionante. Duarte le explicó que había estado con Buiza y que había visto sacar punto con la maquina. Entonces le puso ha sacar de punto Inmaculadas, Evangelistas, angelotes, y haciendo el modelado de los ropajes de los evangelistas de los faldones de Las Penas, le mandó al taller de Elena Caro, en la calle Jesús del Gran Poder, con los moldes de las carcasas para la seda de los ropajes de los Evangelistas.

Como pasaba por el taller de Buiza, y él lo llevaba en su corazón, fue con los moldes de Barbero al estudio y le dijo al maestro que estaba con Barbero, diciéndole entonces Buiza que tenía que volver con él. Le convence y vuelve. Antonio Zambrana estaba allí con él policromando, al igual que Jesús Santos, hijo de Sebastián Santos, y empezó a sacar de punto, tomando ya confianza el maestro con Luis. Cuando estaba terminando Buiza el Cristo de la Sangre, vino el accidente lamentable en el cual el maestro se partió el fémur, terminando el policromado de la imagen Jesús Santos y Duarte, ayudándole en lo que podía, tallando ambos la Cruz en la parte fuera del estudio. pudiéndose terminar el Cristo y entregarse.


Fueron muchísimas vivencias, a nivel personal y artístico, incluso lamentablemente trabajar mucho sin recompensa, teniendo que dejar fiado para poder comprar comida en el mercado. Duarte siempre pensó "esto no se tienen que repetir jamás con ningún artista de la escuela sevillana, todo el mundo tiene que vivir bien".

Buiza conocía perfectamente la cocina auténtica de las Bellas Artes. De un pigmento de nada molía con linazo y así encarnaba el candelero de una Virgen o sacaba de un cedro viejo aprovechaba para sacar la cabeza de un Niño Jesús. Tras tener varios contratos muy buenos y Luis realizar la Virgen de Guadalupe para Sevilla, se despegó un poco del taller y, a pesar de su enfado, nunca perdieron el contacto, ni siquiera cuando marchó Luis Álvarez Duarte a Italia, a la Escuela de Bellas Artes de Roma y Florencia, de donde le trajo unas escofinas de allí al maestro.

Un profesor de Sevilla incluso puso una querella contra Luis Ortega Bru, Buiza y Duarte por una restauración, porque le dijeron que no les había parecido bien la restauración de una imagen, la cual ganaron. Lograron que la imaginería fuera un oficio del cual se pudiera vivir, "¿si un florista vivía bien, por qué un imaginero que deja su alma, el corazón y la vida entera en la obra, no va a vivir?", dice Duarte. Aparte de esa huella tan importante que le dejo Buiza y Barbero, después estuvo en la Facultad de Bellas Artes. Tras su estancia en Madrid, estuvo por libre de oyente en la Escuela de San Fernando y después tuvo como profesores de restauración a los hermanos Cruz Solis.

Por eso a los jóvenes Luis les dice que antes de ir al estudio a aprender, hay que empezar por los cimientos, primero la facultad, estudiando día a día, que él mismo sigue aún estudiando, se aprende incluso de la persona menos indicada, o de un discípulo. Logró tener su estudio en el barrio del Museo y después ya se trasladó a la cornisa del Aljarafe, a Gines, donde día a día sigue trabajando tanto en creatividad como en restauración, aunque no puede aceptar todo lo que le llega, e intentando dar ejemplo en la pulcritud que hay que tener en el dibujo y en la terminación, no corriendo nunca, "porque es un legado que hay que dejar para el día de mañana, y hay que poner un granito de arena renovando, dentro de lo que ya está inventado".

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